Las piedras del camino

Abrí el blog celebrando aquel maravilloso post fundacional que manifestaba un feliz cambio de rumbo en mi vida. Sin embargo, en mi reconsideración de los presupuestos de aquel post, dejé implícitamente pendiente el punto clave. Aquel post terminaba con una pregunta, presuntamente interpelando al lector, pero, evidentemente, principalmente dirigida a mí mismo.

Me di un tiempo para responder. Cómo debe ser, en estas preguntas. Para “buscar” una respuesta. Y bien, ¡albricias! Hay respuesta.

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La llave maestra de la razón

La llave maestra de la razón es la de cierre. Es cierto que es la razón lo que, como especie,  nos ha sacado de la dura competencia natural y nos ha llevado multiplicarnos por todo el planeta, incrementando enormemente la duración y calidad de vida, disminuyendo enormemente la mortalidad infantil, etc. (a pesar de las grandes desigualdades que existen entre ricos y pobres). Pero también es cierto que la razón no es algo que podamos desconectar por mera intención. Podemos mover un brazo, o dejarlo quieto. Pero no podemos, por mera voluntad, por ejemplo, detener el riego sanguíneo en la última falange del dedo meñique. Podemos hacerle un torniquete, pero no podemos detenerlo por mera voluntad (salvo tal vez mediante algún entrenamiento loco). También así con la razón. Si nos resulta indispensable, no importa que hayamos apagado su funcionamiento. Aparecerá para indicarnos lo que nos conviene. Sin embargo, así como no podemos extinguirla por completo (salvo tal vez mediante algún entrenamiento loco), sí que existe la posibilidad de extenderla en exceso y crearnos sufrimiento por el mero hecho de pensar demasiado. De hecho, es una de las raíces del sufrimiento de nuestro tiempo.

La llave maestra de la razón es la de cierre. Sigue leyendo