How to shoot somebody who outdrew ya

Quisiera rematar esta serie de artículos de apertura, en los que me he dedicado básicamente a disparar contra el raciocinio excesivo. O sea, tal y como se entiende generalmente. O sea; mal entendido.

No es que haya dado con el Grial, pero tampoco sé muy bien por qué me excuso. Quien quiera entender ya sabrá que cualquier vaso, cualquier boca y cualquier agua son el grial.

Sobre toda la historia de la pajillería ment… pensamiento Occidental, vengo a estar de acuerdo con las ideas posmodernas de que la Historia terminó y que el proyecto ilustrado fracasó. Lo único que todavía puede progresar es la ciencia, cuando se hace como es menester. Y la ciencia nos confirma lo que siempre fue evidente para quien ve con los ojos, oye con las orejas, piensa con la cabeza y siente con el corazón: que no somos criaturas racionales, porque lo subconsciente, lo intuitivo, lo emocional, son lo que determina.

En tal caso, parafraseando a Levine, lo único verdaderamente racional es reconocer el poder de lo emocional y enfocarnos en él, pues es allí donde nuestra vida se define. Nuestras ideas dependen de nuestras emociones, así que cualquier intento por cambiar algo en el Mundo de las Ideas supone una garantía de fracaso. El mundo de las emociones es donde pasan las cosas: “soy allí donde no pienso, y pienso allí donde no soy” (Lacan).

Ahora bien, esto otorga también a la razón un lugar de ser: comprender y elucidar nuestra corriente emocional.

Los problemas empiezan no ya cuando empezamos a pensar de más (que también), sino, sobretodo, cuando nos identificamos con ese pensamiento. Tanto que me fascinaron Benveniste y Ricoeur en su momento. O hasta Dilthey.

No, nosotros somos el todo, y nuestro intelecto nos puede ayudar a resolver problemas en el mundo físico. ¿Qué problemas? Nuestro corazón lo sabe.

Nuestro ser funciona por sí sólo, y no necesitamos de un intelecto que nos guíe para navegar por el mundo. El hecho de que el intelecto resuelva ciertos problemas no hace de él nuestra referencia exclusiva.

Últimamente he disfrutado mucho viendo El clan del oso cavernario, Los dioses deben estar locos y un documental llamado La gramática de la felicidad, donde podemos ver estadios más naturales de la cultura, donde podemos ver estadios más naturales en la intelectualización de la vida humana.

“El autoconocimiento, como cualquiera arte o ciencia, vierte su materia a un nuevo medio, el medio de las ideas, en el cual pierde sus viejas dimensiones y su antiguo lugar. Nuestros hábitos animales son transmutados por la conciencia en lealtades y deberes, y nos volvemos “personas” o máscaras.” (G. Santayana).

Las enfermedades o los animales salvajes podían suponer serias amenazas, pero conceptos tales como la “búsqueda de la felicidad”, la “ontología” o la “metafísica”, resultarían muy graciosos y divertidos, por su absurdo. El problema, como decía, llega cuando nos creemos que somos ese pensamiento.

Eso es precisamente lo que los místicos y advenedizos han venido llamando como ego, y que muchos señalan como raíz de todo mal. El ego no es peor que un perrito gruñón. Si miramos la carta del Loco del tarot, Jodorowsky (seguramente influido por Gurdjieff, al señalar que el perro se aferra a su amo por sus genitales) afirma que el perrito no es sino una representación del ego. El ego no se puede matar, no podemos deshacernos de él. Como cuando el Manco o el Hombre sin Nombre del Bueno, el feo y el malo trata de deshacerse de Tuco, Tuco regresa para tomar venganza. Probablemente, no una venganza personal, por haber sido traicionado, sino una venganza por haber sido menospreciado. Y es que Tuco, aunque feo, es muy orgulloso. Finalmente, el guapo y bueno de Clint Eastwood aprende la lección y será en extraña sociedad con Tuco que logrará su tesoro, deshaciéndose del malo, y sabrá compartirlo con Tuco. Asimismo, creer en la vana ilusión de haber matado al ego, o de vivir al margen de él, es otra paja mental como las demás. El ego esta ahí, aunque sea en la postura del no-ego, pues es parte de nuestra humanidad. Y es sólo en colaboración con él que encontramos nuestra autenticidad, nuestra máxima expresión, y somos capaces de desterrar lo espurio, que no son sino excrecencias del ego.

En esta manada humana, donde nuestros hábitos animales fueron transmutados al medio de las ideas, nuestra posición y nuestro ego son equivalentes. De ello se desprende que nuestra identidad sexual esté enlazada al ego.

Pero nosotros no somos nuestra posición en la manda, porque la posición es circunstancial, y el Todo es eterno.

Las ideas son circunstanciales. La fuerza es circunstancial. La actitud es circunstancial.

El Todo es eterno.

El amor es más fuerte que la espada y que la pluma. No importa quién desenfunde primero.

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